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Siento mucha culpa al decirle que no a alguien

La culpa es el sentimiento más común a la hora de poner límites, ya sea con los demás, o con nosotros mismos. Si, hay que saber poner límites con uno mismo pero eso es tema para otro blog. Es muy común no solo sentirla, sino también que sea fomentada por los demás que están recibiendo nuestro límite. ¿Qué hacer? Aquí te lo explico. 

Cuando empezamos a reconocer que muchos de nuestros disgustos son por nuestra falta de límites, entendemos que lo primero que hay que hacer es empezar a ponerlos. ¿Con quién? Con las personas que justamente hacen más resistencia a ellos. Te vas a encontrar con personas que se sienten muy incómodas porque tú empieces a establecer tus necesidades, ya sea porque no están acostumbrad@s a recibirlo de ti o porque no están familiarizados con asumir la responsabilidad de sus cosas. La realidad es que la reacción que los que te rodean tiene sobre tus límites no es tu responsabilidad. Entiendo que puede ser muy incómodo, incluso uno de los impedimentos principales a ponerlos, pero ¡tus necesidades son prioridad!

¿Por qué aparece la culpa?

Hay muchas razones por las cuales podemos experimentar  culpa. Tomemos un caso en particular, cuando se empieza a decir que no a la madre. Imagínate este escenario: tu madre te pide siempre que la ayudes a hacer sus diligencias, tu sacrificas gran parte de tu tiempo para trabajar y estar con tus hijos llevando de un lado a otro a tu madre en todo lo que necesite. Te das cuenta que empiezas a tener menos tiempo para tus hijos, vienes más cansada y estás a tope con los deberes en el trabajo. ¿Qué haces? Decides decirle que por esta vez no podrás ayudarla en sus diligencias, a lo que ella te responde “¡ no me vas a ayudar después de todo lo que yo he hecho por ti!”. A ti te controla un sentimiento de culpa tan grande que terminas cediendo y ayudándola. Sacrificando tiempo con tus hijos. Después de todo lo que tu madre ha hecho por ti, ¿cómo le dirás que no puedes ayudarla? Como si existiera una deuda y obligación.

Lo cierto es que es una deuda inexistente ya que esto que han hecho por ti viene desde el amor, cuando hicieron este regalo (por ejemplo tus padres) lo hicieron sin compromiso a cambio, una expresión de amor. También puede suceder que durante la infancia aprendiste que tus límites no importaban y no eran necesarios. Es decir, la culpa llega para avisarte que has transgredido normas internas aprendidas, que ya no te sirven, y puedes ser muy susceptible a este tipo de respuestas: 

“No te imaginas todo lo que hemos sacrificado por ti”

“Cuando me muera te vas a arrepentir”

“Como puedes hacerle eso a tu familia”

¿Has recibido alguna? Si tu respuesta es sí, tranquil@, es muy común que esto pase. Nunca habías logrado establecer límites, tanto tu como la persona quien los recibe debe tener un tiempo para acomodarse, ajustarse a los cambios que vas a estar incluyendo de ahora en adelante. 

¿Qué hacer?

  1. Empieza por reconocer cómo recibes estos mensajes y su origen.
  2. Los mensajes de culpa pueden ser dolor o tristeza ocultos: posiblemente para esta persona que te está mandando mensajes de culpa es mucho más fácil centrarse en tu conducta que en su sentimiento. Cuando se expresa lo que siente en realidad puede generar más responsabilidad de lo que él o ella está dispuesto a asumir sobre su vida una vez tu pones el límite. 
  3. Si hay culpa en ti, asume tu responsabilidad de verla y gestionarla: no esperes a que los otros te dejen de culpabilizar para sentirte mejor, así les sigues dando el control. Tienes que responsabilizarte por lo que estás sintiendo.
  4. Reconozca los sentimientos que el otro puede tener: cuando tu hagas un cambio en la relación para establecer el límite, puedes reconocerle a la otra persona cómo se siente “veo que esto te puede generar mucha rabia..” pero reconoce, al igual, que la rabia es de la otra persona.
  5. Contacta con un apoyo o grupo de apoyo: para algunas personas empezar a establecer límites sobrepasa sus capacidades y es necesario tener a una persona de apoyo (amigo, psicólogo, grupo de apoyo etc) que lo apoye en el proceso. 
  6. Practica poniendo límites con las personas de apoyo: así podrás tener ejemplos, conocimiento y razones que te apoyen cuando vayas a situaciones más difíciles. 
  7. Acepta la culpa: puedes sentir culpa y aun así hacer lo correcto para ti. Debes dejar a un lado los “mandamientos” aprendidos en la infancia y establecer nuevas formas de relacionarse y de vivir. No permitas que la culpa te controle.

 

La culpa puede impedirte hacer lo correcto para ti. Puede sucederte que estas normas aprendidas ya sea de manera explícita o implícita durante tu infancia las traigas contigo a la edad adulta y las tengas presente a la hora de tomar decisiones. La realidad es que tienes el derecho de crear nuevas y deshacerte de la voz interna que te dice que debes seguir obedeciendo a lo aprendido. Recuerda que eres el o la unic@ responsable de establecer y hacer cumplir tus necesidades.